El primer error que los científicos e investigadores han cometido en siglos pasados en relación con la mente es suponer que la materia física es lo único que existe. Si esta es la suposición subyacente, entonces es natural buscar un sitio “físico” en el que resida esta mente y luego intentar comprender cómo la anatomía, la química o la fisiología de las células de este órgano crean la mente. Los científicos han localizado la sede de la mente en el cerebro. Postulan que el cerebro está hecho de materia física (sustancias químicas y átomos) y, por lo tanto, estas células cerebrales deben de alguna manera “secretar” la mente. La mente debe ser un producto físico y bioquímico del cerebro, de la misma manera que la hormona tiroidea es una secreción física de la glándula tiroides. Pero por más que lo intentan, no pueden dar con la sustancia química o el grupo de sustancias químicas que constituyen esta mente secretada por el cerebro. Como siempre, se nos dice que es solo cuestión de tiempo, y por supuesto, de más fondos, para que los científicos resuelvan este enigma.
Esta “materia” llamada cerebro es o bien un 99,99 por ciento de espacio vacío (si existe como partícula) o bien simplemente energía ondulatoria (si existe como onda). Para complicar las cosas, estos mismos científicos nos dicen que lo que determina si la materia que compone nuestro cerebro está en forma de partícula o de onda es cómo la “mente” del científico observa la materia. En otras palabras, esta mente, que no se puede encontrar, en realidad determina la forma del órgano que supuestamente está creando la mente. Así, los científicos están atrapados en un nudo gordiano. Como una rata atrapada en un laberinto infinito, no hay escapatoria de este dilema central. El resultado es que los científicos intentan comprender cada vez más los detalles del enigma, pero nunca llegan al núcleo del problema. Esta es la paradoja central de la ciencia materialista y su rama, la medicina materialista.
La mayoría de los neurocientíficos intentan encontrar la fuente de la mente dentro del órgano que, según ellos, está creando la mente: nuestro cerebro. Esto es similar a intentar localizar la fuente del sonido que emana de una radio diseccionando la radio en sus partes componentes. Aunque se necesita una radio para recibir y reproducir sonidos, nadie podría pensar que el sonido se origina en la radio. La radio es un receptor, y cuanto más sintonizada esté con las diversas ondas y frecuencias del mundo, mejor puede funcionar como receptor.
En teoría, una radio perfecta podría captar cualquier señal de ondas de radio en cualquier lugar, si fuera lo suficientemente potente y estuviera lo suficientemente sintonizada. Los diferentes tamaños y tipos de radios tienen diferentes capacidades para captar las diversas señales; nadie afirma que porque una radio sea pequeña y vieja y capte solo señales locales e intensas, las otras señales no existan. Claramente, todo depende de la potencia y la claridad de la radio que se esté utilizando.
Lo mismo ocurre con la conexión entre el cerebro (como el supuesto “sitio”) y la mente. El cerebro es un receptor; trabaja en conjunto con todo el organismo en una danza compleja que llamamos vida.
Dr. Thomas Cowan
