Habrá un momento en la vida en que tendrás que mirar a los ojos de alguien cercano, tu pareja, ex-pareja, un amigo, un hermano, un hijo/a y decirle con firmeza y ternura:
“Voy a ser honesto contigo. A partir de ahora no entraré más en el torbellino de tus emociones. Las respeto, las entiendo, incluso las honro… pero son tuyas, no mías. No puedo vivirlas como si fueran parte de mi alma, porque en este viaje yo también cargo mi propia mochila emocional, y es lo único que puedo llevar.
Si decides quedarte en esa tormenta, te apoyaré, siempre desde mi lugar, desde mi calma y posiblemente implique soledad y silencio. No te abandonaré, pero tampoco me perderé contigo. Probablemente serás tu quien no pueda con el peso de la indiferencia necesaria para no hundirme. Desde aquí, desde mi centro, puedo ser un faro, no un barco que naufraga contigo. Te quiero, y precisamente porque te quiero, necesito cuidar de mi equilibrio.
Amar no es llevar el peso de la vida de otro en la espalda; es caminar juntos, libres, ligeros, cada uno siendo dueño de sus propias tempestades. El amor no tiene que doler más de lo necesario; el amor, cuando es genuino, construye, no destruye». Y esto es para valientes que se hacen cargo de sus emociones.
A veces, amar significa también aprender a decir: «Aquí estoy, pero sin olvidarme de mí mismo».

Rafa Navarro