Cuéntame Cosicas

Puedes llamarme al 868 181 112 o concertar una cita en la página de contacto

Cuando la gente conoce hoy Cuéntame Cosicas, suele ver las conferencias, las conversaciones, los encuentros, el cariño de tantas personas y un proyecto que no deja de crecer.

Pero casi nadie conoce el precio que hubo que pagar para llegar hasta aquí.

Nadie vio las noches en las que dormía con más preguntas que respuestas.

Nadie vio los días en los que me preguntaba si todavía tenía sentido seguir luchando.

Nadie vio el miedo a empezar de nuevo cuando ya no te quedan fuerzas para volver a levantarte.

La vida tiene una forma muy curiosa de enseñarnos. Primero nos rompe las certezas y después nos obliga a descubrir quiénes somos cuando ya no queda nada de aquello con lo que nos identificábamos.

Yo también tuve que pasar por ahí.

Durante mucho tiempo viví buscando respuestas fuera. Pensaba que alguien tendría la solución. Un libro. Un curso. Una terapia. Una persona.

Hasta que entendí que la única puerta que nunca había abierto era la que daba acceso a mí mismo.

Y esa puerta daba miedo.

Porque detrás no encontré una versión fuerte de mí. Encontré heridas que llevaba décadas escondiendo. Encontré culpas que no eran mías. Encontré una necesidad constante de demostrar mi valor para sentir que merecía ser querido.

No fue agradable descubrirlo.

Fue liberador.

Comprendí que llevamos demasiados años aprendiendo a aparentar que estamos bien. Nos enseñan a ser fuertes, pero muy pocos nos enseñan a ser sinceros con nosotros mismos.

Ese fue mi verdadero despertar.

No empezó cuando entendí algo nuevo.

Empezó el día que dejé de mentirme.

A partir de ahí comenzaron a llegar personas maravillosas. Algunas aparecieron solo para enseñarme una lección y siguieron su camino. Otras decidieron quedarse.

Sin hacer ruido.

Sin pedir reconocimiento.

Sin esperar nada.

Gracias a ellas, Cuéntame Cosicas dejó de ser una idea para convertirse en una familia.

Un equipo que dedica horas de su vida para que otras personas puedan encontrar un espacio donde sentirse escuchadas. Personas que preparan encuentros, organizan conferencias, cuidan cada detalle y sostienen este proyecto con una ilusión que me sigue emocionando cada vez que la veo.

No trabajan por un aplauso.

Trabajan porque creen que el ser humano todavía puede cambiar cuando encuentra un lugar donde nadie intenta cambiarlo.

Eso tiene un valor que no se puede medir con dinero.

Muchas veces me preguntan cuál es el secreto de Cuéntame Cosicas.

Y siempre respondo lo mismo.

No hay ningún secreto.

Solo hay verdad.

La verdad de un hombre que dejó de esconder sus cicatrices.

La verdad de un grupo de personas que decidió caminar unido.

La verdad de miles de conversaciones que nunca saldrán en las redes sociales porque pertenecen al corazón de quienes las compartieron.

Hoy sigo aprendiendo.

Sigo equivocándome.

Sigo descubriendo partes de mí que todavía necesitan ser abrazadas.

Ya no busco ser ejemplo para nadie.

Prefiero ser la prueba de que siempre existe un camino de vuelta hacia uno mismo.

Si alguna vez has sentido que tu vida se rompía en mil pedazos, quiero decirte algo que ojalá alguien me hubiera dicho a mí.

No tengas miedo del vacío.

El vacío no siempre viene a quitarte cosas.

A veces llega para dejar espacio a la persona que llevas toda la vida esperando conocer.

Y si ese día llega para ti, entenderás por qué Cuéntame Cosicas nunca fue un proyecto.

Fue una forma de volver a casa.

“No fundé Cuéntame Cosicas para enseñar a vivir. Lo hice porque un día descubrí que contar nuestras heridas pesa mucho menos que seguir escondiéndolas.”