Cuéntame Cosicas

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Este texto es profundamente hermoso y dolorosamente honesto. Es un retrato sutil y desgarrador de ese estado que no tiene nombre exacto: no es depresión, no es tristeza, no es rabia… es vacío consciente. Hartazgo lúcido. Una especie de exilio interno. Nació un dia entre las rocas de la playa y hoy por fin le di salida. Explicar el vacío del alma, no es fácil pero es sanador cuando tu mismo te ree-inventas y lees lo que un dia empezaste a escribir y no tenia fuerzas para terminarlo.

CUANDO YA NO SIENTES NADA…

Ya no tengo ganas de hablar.
No por tristeza.
Es hartazgo.
Cansancio del alma.
Saturación de todo.
De tanto sentir… que ya no siento.
De tanto doler… que ya no duele.
Es como si algo en mí se hubiera apagado sin hacer ruido.

No me interesa explicar lo que siento,
porque lo que siento ya no tiene forma.
Ni palabras. Ni sentido.
Solo pesa.
Solo está.

Y no es que quiera alejarme del mundo…
es que el mundo me queda lejos.
Como si habitara detrás de un cristal sucio,
viendo a todos correr, reír, hablar, fingir…
y yo…
yo solo los escucho como desde una pecera sin aire.

No me da curiosidad la gente.
No por arrogancia.
Sino porque descubrí que muchos solo son repetidores de lo ajeno.
Ideas prestadas. Emociones de catálogo.
Cuerpos que hablan. Vidas en piloto automático.

Me agotan las conversaciones con “pasión” que huelen a escaparate,
las carcajadas que no nacen del estómago,
las urgencias disfrazadas de opiniones.
Todo me suena falso.
Ruidoso.
Vacío.

Y no, no estoy roto.
Estoy… ausente.

No porque algo me haya arrancado de mí.
Sino porque poco a poco me fui desdibujando sin darme cuenta.
Y ahora camino, respondo mensajes, sonrío en las fotos,
pero por dentro no hay nadie.

No hay colapso.
No hay gritos.
Solo un silencio denso, una pausa larga entre latidos.
Un respirar sin ganas.
Un vivir por inercia.

A veces quiero estar a solas conmigo,
pero tampoco me encuentro.
Me leo en lo que escribo y no me reconozco.
Es como leer las memorias de otro que se parecía a mí,
pero ya no está.

Y no hay drama.
Solo una verdad que duele sin hacer escándalo:
el alma también se cansa.
Y a veces… se va.
Se queda quieta en algún rincón del tiempo,
esperando que uno vuelva a merecerla.

Tal vez este vacío tenga algo que decir.
Tal vez esta ausencia no sea una muerte,
sino una tregua.

Mientras tanto, aquí estoy.
Silencioso.
Desinteresado.
Inexacto.
Esperando nada.
Esperando todo.
Esperando que algún día…
el alma regrese por mí.

Rafa Navarro