Cuéntame Cosicas

Puedes llamarme al 868 181 112 o concertar una cita en la página de contacto

La mayoría de tus problemas son por tu culpa. Y también por algo más sutil: por ese viejo truco de entregarle tu vida a una tirada de tarot, a un péndulo, a una carta que promete decidir por ti lo que tú no te atreves a nombrar.

Porque volver a barajear es fácil. Es cómodo. Es casi poético. Pero también es el ritual más elegante del autoengaño: mezclar las mismas heridas, las mismas excusas, las mismas historias… y esperar que el destino salga distinto sin que tú cambies nada.

El engaño no está en las cartas. El engaño está en ti cuando las usas como coartada para no moverte.

Las cartas no mienten. Lo que miente es tu deseo de que ellas hagan el trabajo que te corresponde a ti: decidir, romper, sanar, incendiar lo que ya no sirve.

Porque confiar ciegamente en una tirada es buscar permiso, no claridad. Es pedirle al universo que te absuelva de la responsabilidad de despertar. Es querer que el futuro te hable porque te da miedo escucharte.

La verdad es más brutal y más hermosa: Tu vida cambia cuando tú cambias.  Cuando dejas de pedir señales y empiezas a ser la señal. Cuando dejas de consultar el destino y te haces responsable del presente. Cuando entiendes que ninguna carta va a salvarte de la conversación que tienes pendiente contigo mismo.

Volver a barajear no es suficiente. Lo que toca es quemar la baraja. Reescribir el mazo. Nombrar las cartas que siempre has escondido. Usar el tarot como espejo, no como muleta. Como puerta, no como atajo.

Tus problemas no son castigos: son llamados, son puertas, son rituales de iniciación.

La pregunta no es “¿qué dicen las cartas?” La pregunta es: ¿qué parte de ti está lista para despertar?