Hay proyectos que nacen alrededor de una mesa, con un plan de negocio y un calendario. Cuéntame Cosicas nació en un lugar muy distinto. Nació en el silencio.
En ese silencio donde nadie puede acompañarte. Donde las respuestas de siempre dejan de servir y solo queda mirarte de frente. Ahí descubrí que el mayor ruido no estaba fuera. Vivía dentro de mí.
Durante mucho tiempo busqué explicaciones para todo lo que me ocurría. Pensaba que la vida era la que tenía que cambiar. Después comprendí algo mucho más incómodo: mientras yo no cambiara, mi realidad seguiría hablándome con el mismo idioma.
Atravesé etapas que jamás habría elegido vivir. Pérdidas, miedo, enfermedad, incertidumbre, soledad y la sensación de haberlo perdido casi todo. Hubo días en los que no sabía hacia dónde caminar. Lo único que sabía era que ya no podía seguir siendo la misma persona.
Y fue precisamente ahí donde empezó todo.
No hubo un instante mágico. No apareció una luz que lo resolviera todo. Fue un despertar lento. A veces doloroso. Otras veces esperanzador. Cada conversación, cada lectura, cada persona que llegó a mi vida fue colocando una pieza que antes no entendía.
Con el tiempo empecé a descubrir que cuando uno sana por dentro, también cambia la manera de mirar el mundo. Y cuando cambia la mirada, cambia la vida.
Sin buscarlo, las personas comenzaron a acercarse para contarme sus historias. Venían con sus miedos, sus heridas y sus preguntas. Yo no tenía todas las respuestas, pero sí algo que muchas veces vale más: sabía escuchar sin juzgar.
De ahí nació el nombre.
Cuéntame Cosicas.
Porque muchas veces una transformación empieza cuando alguien encuentra un lugar donde puede hablar sin máscaras. Sin sentirse señalado. Sin tener que demostrar nada.
Lo que comenzó siendo una conversación entre personas acabó convirtiéndose en un movimiento mucho más grande de lo que jamás imaginé.
Hoy, detrás de Cuéntame Cosicas, hay un equipo extraordinario.
Un grupo de personas que regala su tiempo, su talento y su corazón sin esperar nada a cambio. Personas que creen que todavía es posible construir proyectos desde la generosidad, la confianza y el compromiso. Personas que sostienen esta travesía cuando el camino se hace cuesta arriba y celebran cada pequeño paso como si fuera suyo.
Ellos no solo colaboran. Caminan conmigo.
Por eso, cuando alguien felicita a Cuéntame Cosicas, sé que no está felicitando a una marca. Está reconociendo el trabajo silencioso de personas que han decidido poner su energía al servicio de algo que consideran mucho más importante que ellas mismas.
Hoy seguimos creciendo. No porque persigamos ser más grandes, sino porque cada día aparecen más personas que necesitan recordar quiénes son.
No pretendo convencer a nadie de nada. Cada uno tiene su camino y su momento. Solo quiero compartir aquello que a mí me ayudó a salir del lugar donde pensé que nunca volvería a encontrar sentido.
Si mi historia consigue que una sola persona deje de sentirse sola, entonces todo lo vivido habrá tenido un propósito.
Cuéntame Cosicas nunca fue mi destino.
Fue la consecuencia de atreverme a atravesar el vacío sin dejar de caminar.
Y eso cambia absolutamente todo. Vamos a la segunda parte
