Hoy quiero felicitar a alguien a quien apenas conozco.
Y es curioso, porque vivimos en un mundo donde muchas personas se cruzan físicamente con nosotros y no dejan huella, mientras que otras aparecen a cientos de kilómetros de distancia y terminan ocupando un lugar inesperado en nuestra vida o tal vez sorprendente.
La distancia vuelve a jugar sus cartas. Los kilómetros siguen ahí, tercos, haciendo de frontera. Pero hay personas que consiguen que esa frontera importe menos de lo que debería….
María Jesús es una de ellas…
No porque comparta mi día a día. No porque hayamos acumulado años de historias juntos. Precisamente por lo contrario. Porque a veces basta una u dos conversaciones sinceras, una mirada limpia o una presencia auténtica para reconocer algo valioso en otro ser humano, da igual el género.
Además, fue una de las primeras personas que me pidió tener mi libro firmado incluso antes de salir a librerías. Puede parecer un detalle pequeño, pero para quien escribe desde las heridas, las dudas y la vida misma, esos gestos no se olvidan. Y por supuesto, así será. Tendrá su ejemplar dedicado, porque las personas que creen en ti antes de que lleguen los aplausos merecen un lugar especial en la historia.
Vivimos rodeados de ruido, de prisas y de máscaras. Por eso, cuando aparece alguien capaz de transmitir calma, verdad y humanidad, se convierte en algo parecido a un antídoto para el día a día.
Hoy es su cumpleaños y quería detenerme un instante para reconocerlo. Este post va dedicado a ti.
Feliz cumpleaños, María Jesús. 🎂
Que la vida te siga regalando motivos para sonreír y que nunca pierdas esa forma tan tuya de estar presente incluso desde la distancia.
Y sí, el libro irá firmado. Porque algunas promesas no nacen de una obligación. Nacen del agradecimiento.


